De los gurúes del marketing a los profetas de la IA
El valor no está en las respuestas, sino en saber qué preguntarle a las máquinas
El liderazgo en marketing en Argentina está atravesando una transformación profunda. Ya no alcanza con tener carisma o ser un gran orador: hoy, el diferencial pasa por saber integrar sistemas inteligentes a las estrategias de negocio. Más allá del debate entre lo “tradicional” y lo “digital”, lo que está cambiando realmente es quién toma decisiones y con qué herramientas lo hace. La inteligencia artificial es la gran protagonista de esta nueva etapa: según datos regionales de julio de 2025, el 88 % de los profesionales del marketing ya utiliza IA en su día a día, y el 83 % asegura que eso los hace más productivos.
Este giro no es solo tecnológico, sino también cultural. Durante décadas, en el ecosistema argentino, el marketing giró en torno a figuras casi míticas: profesionales con un “olfato” único, capaces de anticiparse al mercado con solo mirar una tendencia. Ya sea en las grandes agencias de la avenida Corrientes, en departamentos de marketing de multinacionales con base en Puerto Madero o en PyMEs del conurbano que apostaban a lo creativo, el “gurú del marketing” era una figura central. Tenía una autoridad basada en la experiencia personal, en campañas memorables y en la construcción de marca casi artesanal.
Sin embargo, ese modelo está quedando atrás. En plena era de la inteligencia artificial, *el foco se está corriendo del talento individual al trabajo colaborativo potenciado por tecnología*. La autoridad ya no se gana por intuición, sino por la capacidad de leer datos, formular hipótesis, testear, optimizar y liderar equipos diversos. En lugar de héroes solitarios, hoy se necesitan estrategas que sepan conectar herramientas, personas y objetivos.
Durante años, el “vendehúmo” supo camuflarse en este ecosistema: influencers de LinkedIn, consultores con más seguidores que resultados, oradores motivacionales con slides impactantes pero sin profundidad técnica. Hoy, ese personaje empieza a desdibujarse frente a un nuevo perfil: el de los *profetas de la IA*. Personas que no necesitan tener todas las respuestas, pero sí saben hacer las preguntas correctas. Que no predican desde el ego, sino desde la práctica: analizan métricas, prueban, fallan y vuelven a intentar, basándose en datos concretos.
Muchos de ellos no tienen un título de posgrado ni pasaron por las grandes universidades. Se formaron a pulmón, desde el garage o el coworking, aprendiendo con tutoriales, cursos online, foros, bootcamps y proyectos propios. Son autodidactas, curiosos, ágiles. Tienen en común con los antiguos gurúes esa capacidad de aprender por sí mismos, pero con un enfoque profundamente técnico y comunitario.
En este nuevo paradigma, el marketing se parece más a una ciencia que a un arte. Se trabaja con hipótesis, se hacen experimentos, se miden resultados. El proceso importa tanto como el producto final. Y eso democratiza el conocimiento: la inteligencia artificial permite que herramientas antes reservadas a grandes empresas ahora estén al alcance de PyMEs, startups o cooperativas.
En el ecosistema local, empresas como Mercado Libre, PedidosYa, Ualá, Naranja X o agencias como R/GA Buenos Aires ya están adoptando este nuevo modelo. Equipos interdisciplinarios trabajan con IA generativa, automatización de campañas, análisis predictivo y optimización continua de contenidos. Lo mismo ocurre en proyectos de impacto social, donde la tecnología se cruza con causas, territorios y nuevas audiencias.
Así, el nuevo liderazgo no busca brillar en solitario, sino hacer brillar a su equipo. Ya no se trata de ser el más creativo o el más visionario, sino de ser el más estratégico. De saber conectar personas, datos y tecnología para generar impacto real. En definitiva, no gana quien más grita en redes, sino quien mejor sabe escuchar a las máquinas —y a su audiencia.

